Sofrodynamia

Buscador
 
Llamados a despertar PDF Imprimir E-Mail

Existe la creencia compartida de que los seres humanos somos la cúspide de la creación, el no va más del universo conocido. En parte viene fundamentado por el conocido relato bíblico que narra como Dios descansó al séptimo día, justo después de crear a los seres humanos. Pareciera que Dios, después de semejante obra, nada más le hubiera quedado por hacer, como si todo su trabajo creativo se hubiese completado.

Sin embargo, basta con echar una mirada más atenta a la realidad para que lleguemos a otras conclusiones diferentes o para que, al menos,  se nos tambaleen los supuestos anteriores.

Las distintas ramas del conocimiento científico actual conciben la evolución como un proceso no finalizado y activo. Parece evidente que Dios,  la naturaleza o la energía que mueve las cosas, no se han quedado en paro sino que siguen trabajando incesantemente y de manera continua.

La tierra cambia, las galaxias también. En el universo observable descubrimos el nacimiento y la muerte de lejanas estrellas. Todo se encuentra en perpetuo movimiento y en constante transformación. Las fuerzas evolutivas que fundamentan la vida, tal como la conocemos hoy día, mantienen su eterna actividad.

El famoso Premio Nóbel de Medicina, el etólogo Konrad Lorentz, decía que “el verdadero eslabón perdido entre nuestros antepasados y el ser verdaderamente humano, somos nosotros”. Es decir, parece que no estamos ni tan completos ni tan acabados como  muchos podrían suponer. Más bien todo lo contrario, somos incompletos y perfeccionables. Somos seres en evolución.

Solamente desde la incompletud puede surgir  la completud. Sólo puede ser llenado el recipiente que previamente está vacío, o al menos no se encuentra total y absolutamente repleto. Lo completo es algo acabado, cerrado y sobre lo que nada más puede ser añadido.

Así que, te sientas como te sientas al leer estas palabras, has de ser consciente de una buena noticia, somos seres abiertos a la perfección. Las fuerzas evolutivas que rigen el universo (o si quieres Dios o a la energía, como dije antes) juegan a nuestro favor.

Sí bien parece cierto que la evolución sigue actuando en el ser humano, y también es verdad que el desarrollo de  nuestra mente y nuestra consciencia (sea el cerebro la causa o el resultado de ella) es el camino que sigue el proceso de evolución humana, me pregunto de qué forma podemos asumir nuestra responsabilidad de ser cocreadores de nuestro propio futuro y copartícipes, también de la mejora del planeta.

Y aunque el reto es importante y difícil, la respuesta, sin embargo me parece clara y evidente: Podemos participar positivamente en el proceso evolutivo, tanto individual como colectivo, solamente si aprendemos a despertar.

Entonces, ¿qué significa eso del despertar?

Decía nuestro insigne poeta Antonio Machado, “Tras el dormir y el soñar, lo más importante es despertar”.

Seguramente no se estaba refiriendo al hecho fisiológico y cotidiano de levantarse de la cama después de haber dormido en un día cualquiera. Sino que parece que acota dos territorios bien distintos, el de la mente dormida, prisionera de sus ensoñaciones, y el de la mente despierta, lo cual señala como “lo más importante”.

Tradicionalmente la información acerca del despertar nos ha llegado de oriente. Muchas personas siguen pensado que eso del despertar es algo relacionado con el budismo, el yoga, el taoísmo o con cualquier otra doctrina semejante, y que los occidentales, en cambio, hemos de estar ocupados con otros asuntos. Nada más lejos de la realidad.

El proceso de despertar es un asunto específicamente humano y, por tanto, universal. Todos estamos llamados a despertar, todos estamos llamados a salir de nuestro letargo, a perfeccionarnos por el camino evolutivo propio de nuestra especie, el desarrollo de nuestra mente y nuestra consciencia.

La persona que posee una mente ordinaria podría ser comparado con la mente dormida. Mientras que aquél otro que logra acceder a un estado más lúcido de consciencia, se le atribuye la cualidad de poseer una mente despierta.

Etimológicamente la palabra Buda, significa eso, “el despierto”, el que ha salido del sueño del engaño. Se dice que todos podemos llegar a ser un buda porque en nuestro interior, más o menos velado por los engaños de la mente, existen las semillas de la budeidad, las semillas del despertar. Sólo necesitamos, como si fuésemos un  buen jardinero, aprender a cuidar y desarrollar dichas semillas para que algún día florezcan.

En este punto parece claro que la vía mística, de desarrollo interior, se encuentra mucho más ligada al mundo de la ciencia (tal cómo explique antes a propósito de la evolución) de lo que en un principio pudiera parecer. De tal manera que optar por el desarrollo personal no es en modo alguno un camino individualista y aislado de los demás sino que más bien constituye la apuesta más solidaria, entendida desde el punto de vista de la evolución global de la especie, que podríamos aportar a la vida en el planeta.

Dicen las enseñanzas tradicionales que un Buda  podrá mostrarte el camino, pero que no puede despertar por ti. He ahí donde radica nuestra verdadera responsabilidad en este asunto, en aprender a transitar por el Camino del Despertar, lo cual es comparable a ser capaces de enfocar nuestro esfuerzo en el proceso del desarrollo de nuestro potencial, que modernamente se conoce en la psicología actual como proceso de Autorrealización.

Por tanto, la Senda del Despertar no es algo lejano, sino algo cercano. No es algo oriental sino algo universal. Ni tampoco esta sólo reservado a los monjes y los meditadores, sino que cualquier persona, sencillamente por el hecho de ser humano, está invitado a transitar por ella.

Para plasmar estas ideas, enfocándolas desde el conocimiento científico que tenemos del mundo actual y con un lenguaje moderno y sencillo de entender, me ha parecido oportuno compartir mi experiencia de algunos años involucrado en estos asuntos, utilizando la metáfora de una oruga que se transforma en mariposa. Dicha metáfora del despertar puede ser fácilmente  entendida de forma intuitiva por cualquier persona.

La mente de la oruga es comparable a la mente del dormido, la de la mariposa, en cambio, se asemeja a aquella persona que rompe la prisión de su crisálida que le mantenía encerrado y, siendo la misma, sin dejar de ser quien es, experimenta el mundo de una forma totalmente diferente. Pasa de la vida reptante de la oruga al vuelo libre de la mariposa que, además, alegra y vivifica el lugar por donde pasa.

Pero como todo proceso de transformación radical y profunda, tiene sus complicaciones, sus temores y también, sus peligros. Podemos perdernos, podemos no eclosionar de forma apropiada, incluso, en el caso del ser humano, es posible elegir seguir dormidos y no despertar nunca.

Posiblemente sea ese el mayor peligro que nos acecha, permanecer indefinidamente dormidos en la falsa seguridad de la crisálida que nos encierra.

Por esa razón, la metáfora de la oruga que se transforma en mariposa, nos invita a tomar consciencia de la necesidad de despertar para llegar a ser quienes realmente somos y no una patética sombra del Ser.

La toma de consciencia de nuestra posición en el mundo, así como el dar un sentido apropiado a nuestros sufrimientos forman parte del inicio del camino. Tal vez, el punto de ruptura con la vida anterior, se produce cuando tomamos la firme resolución de querer salir de nuestra limitada condición y dirigir  nuestro esfuerzo hacia el propio desarrollo interior.

Darse cuenta de cómo nuestra mente crea la realidad, de qué forma nos engaña, y cómo caemos en las plácidas redes de nuestro “Contador de Historias” interior, el cual nos adormece con sus explicaciones y razonamientos, son aspectos que habremos de ir superando cuando aceptamos transitar por el Camino del Despertar.

Estar abiertos a nuestra propia grandeza, aceptando el reto de llegar a descubrir nuestra verdadera naturaleza, no siempre es bien asumido por todos. Pareciera, a veces, como que acostumbrados a las sombras hemos preferido rehuir de la luz, escogiendo la cansina y poco creativa vida de la oruga.

Necesitamos renunciar a nuestras antiguas comprensiones para poder abrirnos plenamente a redescubrir nuestra corporalidad como fuente de vida y de conocimiento personal. Es necesario, también, aprender a trasmutar la respiración, realizando la transformación de pasar de percibir la respiración como un proceso meramente fisiológico hasta convertirla en toda una experiencia alquímica en la que experimentamos el fenómeno respiratorio como “Aliento Vital”, con todo lo que ello implica.

La resolución de las paradojas, propuestas que no tienen una solución lógica sino que nos remiten a sentidos muchos más intuitivos y profundos, junto con la apertura a la llamada “dimensión chamánica” de nuestra mente, son dos elementos fundamentales que permiten emerger la Inteligencia Espiritual e inaugurar una visión y una experiencia de la dimensión Sagrada en la existencia diaria.

Cuando eso sucede, ya no hay retorno posible del camino. Cuando se experimenta, aunque sea fugazmente, un destello de la claridad de la mente, ya no te sentirás satisfecho con otras cosas mundanas y a partir de ese momento es cuando “vives en el mundo si ser del mundo”. Todas las tradiciones espirituales nos han hablado acerca de este estado.

Pero una vez que la oruga despierta y comienza a vivir cómo mariposa, sabe que ahí tampoco acaba su camino, sino que otros nuevos retos y otros nuevos mundos se abren ante  ella.

La mariposa, la persona cuya mente ha despertado, no ha de vivir sólo para sí, ni ha de caer en la trampa de la autocomplacencia narcisista, sino que una vez bendecida con la experiencia del despertar ha de ayudar a otros a realizar su camino, comprometiéndose en devolver al mundo toda la generosidad que a lo largo de su vida ha recibido de otros seres que le precedieron. Gracias a todas estas generosidades pudimos vivir, crecer, aprender y llegar a ser quienes somos en estos momentos. Sin ella habríamos perecido.

Cuando la mente y el corazón se enfocan en este camino, nos transformamos en elementos activos favorecedores de la evolución humana en el planeta. Los budistas llaman a este tipo de mente la esencia del Mahayana (El Gran vehículo de amor y compasión), la mente de la Bodichita o el corazón de la compasión universal. Entender que al igual que nosotros queremos ser felices, todos los demás seres también lo quieren y que solamente si conseguimos un nivel apropiado de desarrollo personal y humano, estaremos suficientemente cualificados  como para ayudarnos a nosotros mismos y a los demás, son creencias que forman parte de éste camino.

    Pero en cualquier caso, tanto si eres practicante de alguna disciplina espiritual y has comprendido perfectamente todo lo anterior, como si no lo eres, tanto si eres creyente o eres ateo, tanto si tu mente tiene tendencia a lo espiritual como si lo tiene a lo científico- materialista, sea como sea que te encuentres en estos momentos, una cosa queda clara, estas llamado a hacer surgir lo mejor de ti, estás llamado a crecer y desarrollarte, estas llamado a la autorrealización, en una palabra, estas llamado a despertar.
 
< Anterior   Siguiente >
Servicios
 
Registro
Centro de Medicina Integral Dr. Nougués, S.L.
 
  Echegaray, 9-3º -2 / 29015 Málaga / Tel.: 95 221 68 82 / Fax: 95 222 54 26
info@centromedicinaintegral.com

powered by mente + bunquer