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El ser humano en Sofrodynamia® PDF Imprimir E-Mail

Cualquier disciplina que tenga relación con el ser humano se fundamenta en tres elementos básicos, los cuales determinan no sólo el contenido, sino también el modo en el que todos los conocimientos concernientes a dicha disciplina son puestos en juego.  

A estos tres elementos fundamentales los denominamos Trípode Básico, y son: Los procedimientos técnicos (Tekhné), el enfoque antropológico y el criterio de aplicación.

En este artículo voy a exponer los principios fundamentales de la concepción antropológica en Sofrodynamia®.

Cualquier disciplina que tenga relación con el ser humano se fundamenta en tres elementos básicos, los cuales determinan no sólo el contenido, sino también el modo en el que todos los conocimientos concernientes a dicha disciplina son puestos en juego.  

A estos tres elementos fundamentales los denominamos Trípode Básico, y son: Los procedimientos técnicos (Tekhné), el enfoque antropológico y el criterio de aplicación.

En este artículo voy a exponer los principios fundamentales de la concepción antropológica en Sofrodynamia®.

Hablamos de concepción antropológica para referirnos a aquel punto de vista que nos permite definir exactamente qué es lo que somos y cómo estamos constituidos. De la calidad del contenido que encierre dicha expresión, derivará, como consecuencia de ella, la forma en la que nos acercamos y el modo en el que comprendemos lo que sucede a cada persona concreta.

Hoy día existen numerosos modelos vigentes así como diferentes comprensiones a propósito de lo que cada uno entiende que es un ser humano.

En Sofrodynamia® tenemos el nuestro propio, gracias al cual podemos fundamentar y entender la esencia de nuestro entrenamiento.

En este artículo, más que construir una definición que tenga la osadía de  tratar de ser la única y auténtica y, por lo tanto, superior a las demás,  nos interesa mucho más exponer una concepción operativa, que nos permita estar básicamente de acuerdo en el punto de partida y, a partir de ahí, construir comprensiones más certeras y precisas.

Desde el punto de vista sofrodynámico, en el ser humano distinguimos tres niveles diferentes que interaccionan sistémicamente entre sí y con el entorno. Esto último es lo que nos lleva a considerar al entorno como un cuarto componente, ya que nadie puede evitar crecer y desarrollarse en un contexto determinado, ni tampoco influir y ser influido por dicho contexto.        

Desde lo más grosero y manifiesto, hasta lo más sutil, en cada persona podemos distinguir los siguientes niveles: Dimensión física, psíquica y energética.

El nivel de manifestación físico, somático, sólido, es la parte densa, material, bioquímica, es decir, el cuerpo tal como lo observamos, con sus músculos, vísceras etc.

El segundo elemento es el que constituye el aspecto mental o psíquico, dentro del cual podemos diferenciar tres diferentes aspectos: el pensamiento, el sentimiento y la voluntad.

Todos sabemos que a lo largo de nuestra vida siempre estamos realizando, al menos, una de estas tres cosas, pensamos, sentimos o hacemos. No podemos estar sin ninguna de ellas, ni siquiera cuando dormimos.

Como quiera que la noción de salud se relaciona con equilibrio, armonía y proporción, quiere decir que necesitamos que estos tres elementos de la esfera psicológica dispongan de dos cualidades esenciales: proporcionalidad y flexibilidad.

La primera es la que permite considerarnos, o no, como una persona equilibrada, es decir, que mantenemos una justa relación entre lo que pensamos, sentimos y hacemos.

La segunda, la flexibilidad, es la responsable de la necesaria adaptación a los cambios tanto de situación como de contexto. Sabemos que los sistemas que poseen una mayor capacidad adaptativa son los mejores dotados para la supervivencia.

A nivel práctico podrimos poner un ejemplo. Si un cirujano cuando está operando manifestara en demasía su parte afectiva, sería poco útil para él y para el enfermo. Por eso muchos cirujanos no operan a sus familias, porque en esos momentos es necesario mantener una mente muy fría y muy serena. Pero si ésa mente fría, útil en el quirófano, se mantiene  también cuando regresa a su casa, es posible que  le cree más problemas que beneficios en lo que se refiere a las relaciones con su familia.

Por último, el tercero de los constituyentes de la estructura del ser humano, es la dimensión energética.

Podría decirse que dicha dimensión envuelve a todo lo anterior, lo interpenetra, dinamiza y le da vida.

Estos tres elementos, corporalidad, psique y energía, se encuentran articulados entre sí mediante una especie de bisagra que los conecta y relaciona, el fenómeno presente de nuestra propia respiración.

Pero además de todo lo anterior, hemos de tener en cuenta que cada uno de nosotros vive y se realiza en un espacio determinado y en un tiempo concreto. Espacio y tiempo, constituyen pues los ejes de ordenada dentro de los cuales el ser humano realiza su existencia.

Básicamente este es el esquema de ser humano con el que solemos trabajar durante el entrenamiento sofrodynámico.

Pero no somos un sistema cerrado que pueda vivir en ausencia de intercambios con el entorno, más bien todo lo contrario. Cada persona puede ser considerada como un sistema en intercambio permanente con el medio externo. Y dicho medio externo no es más que otro sistema complejo compuesto por diferentes subsistemas. De tal manera que podríamos decir que somos un sistema dentro de otros sistemas más amplios con los que nos relacionamos en diferentes niveles.

Intercambiamos energía y, sobre todo, intercambiamos información. La vida podría definirse en términos de estos intercambios, tantos energéticos como informacionales.

La salud no sería más que el proporcionado equilibrio dinámico entre las entradas (inputs) y salidas (outpus) de información y energía.

Hablamos, por tanto, de algo más que de alimentos (“No sólo de pan vive el hombre…”) sino que, íntimamente conectada a esta noción de ser humano, podríamos hablar propiamente de lo que en Sofrodynamia® denominamos “Nutrición integral del Ser Humano”, como el conocimiento de todos aquellos aportes que, como persona, cada uno de nosotros va a requerir para poder crecer, desarrollarnos y dar frutos.

Aspectos como la autoestima, las relaciones con los demás, los proyectos vitales o el modo en el que estamos integrados en un grupo, van a ser tan importantes para nosotros como el adecuado consumo de vitaminas o minerales.

Es, pues, este un aspecto sobre el que en otro momento será conveniente profundizar.

 
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