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Nutrición Integral en el Ser Humano PDF Imprimir E-Mail

Todos sabemos que cualquier ser vivo, animal o vegetal, que no se alimente adecuadamente enfermará y, finalmente, si persiste la situación de mala nutrición, incluso podrá morir.

Por otro lado, también sabemos que cualquier ser que pretenda expresar en el mundo todo lo que lleva dentro, necesitará de unas condiciones adecuadas.

Referido al ser humano, podríamos preguntarnos cuáles son aquellos nutrientes necesarios para que podamos vivir en salud y expresar en el mundo nuestro máximo potencial. Es decir, cuáles son los nutrientes que nos hacen crecer como personas y favorecen que nuestra vida sea armónica y fructífera, y que en caso de faltar traerá como consecuencia que no podamos llevar una vida plena.

Todo ello nos lleva a reflexionar a propósito de nuestras necesidades, en términos de crecimiento y desarrollo humano,  así como el modo en el que somos capaces de satisfacerlas.

Cuando consideramos al ser humano en su triple vertiente, física, psicológica y espiritual, nos damos cuenta entonces que la correcta nutrición ha de abarcar a todas ellas, y no sólo al cuerpo físico. Nace así el concepto de Nutrición Integral del Ser.

En el Modelo  Sofrodynámico del Ser Humano, hablamos de los tras constituyentes básicos, la Corporalidad, la Psique y el Espacio Interior. Las ciencias de la salud, hasta ahora, cuando hablan de nutrición y dietética, normalmente lo hacen para referirse a la forma en la que aportamos los alimentos materiales. Sin embargo, parece evidente que somos algo más que carne y vísceras. Hemos visto  que tenemos una psique y que participamos, también, de una dimensión energética y espiritual. Por tanto, la Nutrición Integral del Ser ha de abarcar algo más que los simples aportes de hidratos de carbonos, proteínas, minerales, etc.

Surge entonces la pregunta evidente, ¿cómo nutrimos la psique? ¿y el Espacio Interior?

Tratemos de responder a lo anterior. Parece claro que es necesario, pues, un aporte de nutrientes y energías más sutiles que la comida y la bebida. Algunos de dichos nutrientes los clasificaremos como psíquicos, por ejemplo el tacto, y otros los clasificaremos a su vez como energéticos, como por ejemplo la luz.

Hay que aclarar que cualquier persona que se encuentre familiarizada con la dimensión energética de la vida, es capaz de descubrir que un alimento material, digamos un trozo de fruta, nos puede aportar nutrientes de otro nivel más sutil a través de aspectos como el sabor, el color, la disposición en el plato o de la captación de la energía vital (Qi) del mismo. 

Desde el punto de vista de la captación de las diferentes energías, podemos decir que nuestro cuerpo no está creado al azar. Hay toda una jerarquía que nos habla de distintos niveles energéticos, desde los más densos a los más sutiles. Observando el orden en el que se sitúan los distintos orificios en nuestro rostro podemos deducir la lógica de dicho patrón de asimilación de la energía.

La boca, emplazada en la parte más baja de la cara, y que es el soporte del sentido del gusto, está habilitada para ingerir energía densa. La utilizamos para introducir los alimentos sólidos y líquidos.

La nariz, situada por encima de la boca, y dónde reside el sentido del olfato, la utilizamos para tomar no sólo el oxígeno del aire, sino también la energía (Prana  Qi) y los olores. Los diferentes olores pueden ayudar a nutrir dimensiones más sutiles del ser. Hemos de recordar como hoy día ha cobrado un importante desarrollo el uso de los Aceites Esenciales y otros preparados de Aromaterapia, gracias a los cuales es posible restablecer la salud y tratar diferentes anomalías del mundo emocional.

En un plano algo más alto que la nariz se encuentran los orificios de los oídos. Gracias a ellos obtenemos un importante nutriente a través del sonido. El sonido no es más que una onda de presión, una vibración, y posee en sí mismo una carga de energía vibracional que actúa a niveles profundos del ser. Recordemos la fuerza del poder de los mantras o de ciertas sílabas sagradas. También son conocidos los efectos positivos sobre la salud gracias a la utilización de cantos armónicos o de las vibraciones producidas por los cuencos de cuarzo.

Y por último tenemos en el plano más elevado los ojos, el sentido de la vista y gracias al cual nos nutrimos de la luz y del color. La luz constituye una vibración más sutil que el sonido, y se encuentra dentro del espectro de las radiaciones electromagnéticas. Tiene una gran potencia y son capaces de inducir cambios profundos en el ser humano. Se han descrito numerosas terapias a través de la luz y de los colores, muchas de las cuales se vienen practicando con éxito desde tiempos ancestrales.

Pero además de lo anterior, tenemos otro órgano sensorial especialmente importante y, con frecuencia, poco valorado en nuestra cultura, la piel. A muchos les sorprenderá saber que es el órgano más grande de nuestro cuerpo, y el que cuenta con mayor número de terminaciones nerviosas.

También nos nutrimos a través de la piel mediante el tacto y, sobre todo, las caricias. Hoy día sabemos que los niños que no son tocados ni acariciados suficientemente pueden sufrir graves trastornos posteriormente. Nuestra sociedad prioriza fundamentalmente los intercambios visuales, pero hay bastantes restricciones a la hora de tocarse. Es importante, pues, entender la necesidad que tenemos de tocar y de ser tocados, en orden a un correcto desarrollo emocional.

Pero además de lo anterior, también nos nutrimos con los pensamientos, con los sentimientos y con las acciones.  Lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos repercute sobre nuestro equilibrio o desequilibrio. Pero, ¿realmente cultivamos pensamientos y emociones nutricias o, por el contrario, somos más proclives al machaque y al reproche?

Parece obvio pensar que, de la misma forma que nos ocupamos de obtener alimentos en el mercado que tengan una buena calidad, sería razonable que nos ocupásemos también (al menos en la misma medida) de que el resto de los nutrientes fuesen también de buena calidad.

Por último, señalar que uno de los nutrientes más importantes e imprescindible para mantener una adecuada salud física y mental va a ser el silencio. Silencio es diferente de estar callados. El silencio va a tener que ver con la capacidad de desarrollar la escucha interna y externa. Es más una actitud que una actividad, aunque en cierto modo es algo que, en un principio, deberemos hacer activamente para conseguir, más tarde, que de manera pasiva se instaure en nosotros. Desarrollar la capacidad de crear silencio interior será un elemento necesario para el desarrollo del llamado Espacio Interior.

El hecho de atender la Nutrición Integral del Ser y estar atentos al aspecto energético de la totalidad de nuestros intercambios, va más allá de cualquier enfoque psicológico o psicosomático convencional, se trata de una potente herramienta que nos ayuda a crecer, a despertar, y, sobre todo, a vivir de una manera más plena y saludable.
 
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